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Probablemente todas tengamos un vestido negro corto en nuestro armario. Es un clásico al que muchas mujeres recurren para vestir en ocasiones solemnes y citas especiales.

Como asesora de imagen, veo cómo se ha convertido en una prenda que ha perdido su esencia estética en pro de la comodidad. Se utiliza igual para ir a una cena que para asistir a una boda.

Yo reivindico su sitio en una era en la que lo estrafalario y el color inundan las calles. Parece que hay una nueva regla en la que el “más es más” se ha quedado corto y, ahora, todo se lleva diferente a como se idearon en un principio.

Con tanto bombardeo visual por las redes sociales, añadir un poquito de cordura a todo esto viene muy bien.

No se trata de renunciar a ser original, sino de saber mezclar de forma  precisa complementos y prendas exteriores dependiendo de la cita y la hora del día.

De día; el vestido corto negro es perfecto para llevar con deportivas blancas o botas de caña  y conseguir una imagen casual. Elige tejidos cómodos y acompáñalos de chaquetas de algodón en tonos tierra.

De noche; cuida el tejido y los brillos. No todo vale. Si eliges un vestido de lentejuelas o pedrería sé discreta en los complementos y en la prenda exterior.

Para una fiesta, olvídate de combinar un vestido negro con plumas, estolas, abrigos estridentes de leopardo, acolchados, plataformas y sobre todo, de los chales. El little black dress es una prenda elegante y así debe acompañarse. Un abrigo de corte perfecto acompañado de un estileto en tonos ocres o rojos y unos pendientes joya.

Collage PicMonkey

Feliz día,,